sábado, 20 de marzo de 2010

con el agua encima... en Bolarque

(Tenía escrito esto desde el pasado 23 de Febrero, pero se me hizo tarde y no lo publiqué, sólo le di a "guardar" y después has surgido asuntos que ya os contaré.
Ahora lo publico tal cual)

Este fin de semana ha sido, cuando menos, curioso:
Lo hemos pasado acompañando a unos amigos de un club de buceo a unas pruebas de un traje de seco (como lo llaman ellos) que permite sumergirse en aguas frias, incluso con ropa debajo, y tal y tal...
Fuimos al embalse de Bolarque (GU), a la zona del club nautico, sabado con sol pero una brisilla de medio nudo que te dejaba los huesos con semblante quebradizo. Si me llego a hace algún corte, en lugar de sangre estoy seguro que hubiese salido sorbete de fresa. La nena se enfundó, encima del polar y la chupa, en una mantita de viaje que llevamos en el coche y parecía el indio viejecito ciego que caminaba sobre la nieve, en medio de la batalla, cruzando el poblado bajo la atónita mirada de Dustin Hoffman en la peli "little big man".
Pero pasaron cosas:
a un señor mayorcete, 65 ó 70, se le ocurrió cojer un chinchorro cochambroso y lleno de agua para llegar a su barquito a recoger unos papeles, agua adentro en la ensenada del Club Naútico, con tal mala fortuna que, al volver a embarcar en la chalupilla, le zozobró y fué al agua (7ºC) con la consiguiente mojada y rescate por parte de los amigos buceadores quienes, después, se sumergieron para recuperar también el chinchorro enganchándole con cuerdas y llenando el casco con aire de sus bombonas... toda una aventura para los profanos.

Nos alojamos en un hotelito rural precioso en Zorita de los Canes, dentro del recinto amurallado, a los pies del castillo ergido por los de Calatrava con las piedras robadas de las ruinas (ahora en reconstrucción) de la ciudad Visigoda de Recópolis, fundada por Leovigildo en honor de su hijo Recaredo. Merece la pena visitarlo, preciosa tanto la ciudad visigoda como el castillo de Zorita, aunque éste se encuentra cerrado, pero la moza. con otra amiga y yo, nos saltamos la valla y estuvimos vagando por su interior y elucubrando sobre sus antiguos moradores... evocador y educativo. Y nos sirvió de refugio de una incipiente y fresca lluvia que nos amenazaba con fastidiar el día.
A los buzos no les afectó: se metían bajo el agua, ésta vez en el Tajo a su paso por Zorita, y no se notaba para nada la lluvia exterior.

Estuvo bién la cosa. Lo mismo me animo y emprendo una aventura de buceo con bautismo incluido en alguna de nuestras costas. Ya veremos...

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