Vaya por delante que no deberíamos admitir como legitimo ningún tipo de coacción o ensañamiento ejercido sobre cualquiera, y menos si es hacia un inocente, por el simple hecho de coincidir en el tiempo y el lugar en el que se encuentre un posible destinatario de alguna represión.
El grado de desesperación que cada uno puede llegar a sufrir sin que se resienta su sentido del civismo no es un valor que se pueda, ni deba, ver como absoluto y ni siquiera fijo. Mas bien es un término relativo a la situación personal dentro de la sociedad en la que esté inmerso. Por este motivo, tampoco nadie puede erigirse en medidor de la oportunidad que una persona tome como propia para decidir que su momento ha llegado, que ya rebosó el vaso de su paciencia y no está dispuesto (ni tiene fuerzas para ello) a seguir esperando un cambio en su situación por la simple fuerza del paso del tiempo o la dedicación de oficio de los estamentos oficiales que deberían velar por sus derechos (como ya se encargan de recordarle el cumplimiento de sus deberes de ciudadano).
Admitiremos, además, que cuando cualquier hijo de vecino comete una fechoría, imprudencia, negligencia, o delinque a sabiendas, si es apresado y condenado por ello, ni se le ocurre pedirle al Sr. Juez clemencia para sus familiares, incluido hijos, para que no tengan que sufrir las consecuencias de su calamidad o el hecho de que deba permanecer ingresado en prisión sin poder dedicarse a cuidar de ellos. Todos coincidiremos que es él el único culpable de esa situación y que debería haber pensado antes en todas las consecuencias cuando decidió ir contra norma y tampoco se nos ocurrirá culpar a "la sociedad" o a "la justicia".
Todo lo anterior nos lleva a convenir también que, de igual manera, el político que, por negligencia, desidia, inutilidad para el cargo, corruptela, prevaricacion, etc., incurre en una injusticia o en decisiones claramente perniciosas para el conjunto de los ciudadanos que debe representar, las consecuencias de ello puedan salpicar en alguna medida a sus allegados. Y no porque ellos deban sufrirlo si no, mas bien, porque al ser tan lenta la justicia en este país, sobre todo para según qué o quienes, alguien crea que de alguna manera deba hacerle ver a ese político que es el responsable de su situación por si no recibe notificación judicial o tiene esa tan manida inmunidad... Deberían también haber pensado antes en todas las consecuencias de sus actos.
Los escraches, por supuesto pacíficos, son totalmente legítimos,.
Admitiremos, además, que cuando cualquier hijo de vecino comete una fechoría, imprudencia, negligencia, o delinque a sabiendas, si es apresado y condenado por ello, ni se le ocurre pedirle al Sr. Juez clemencia para sus familiares, incluido hijos, para que no tengan que sufrir las consecuencias de su calamidad o el hecho de que deba permanecer ingresado en prisión sin poder dedicarse a cuidar de ellos. Todos coincidiremos que es él el único culpable de esa situación y que debería haber pensado antes en todas las consecuencias cuando decidió ir contra norma y tampoco se nos ocurrirá culpar a "la sociedad" o a "la justicia".
Todo lo anterior nos lleva a convenir también que, de igual manera, el político que, por negligencia, desidia, inutilidad para el cargo, corruptela, prevaricacion, etc., incurre en una injusticia o en decisiones claramente perniciosas para el conjunto de los ciudadanos que debe representar, las consecuencias de ello puedan salpicar en alguna medida a sus allegados. Y no porque ellos deban sufrirlo si no, mas bien, porque al ser tan lenta la justicia en este país, sobre todo para según qué o quienes, alguien crea que de alguna manera deba hacerle ver a ese político que es el responsable de su situación por si no recibe notificación judicial o tiene esa tan manida inmunidad... Deberían también haber pensado antes en todas las consecuencias de sus actos.
Los escraches, por supuesto pacíficos, son totalmente legítimos,.