Todos convenimos que en estas fechas solemos volvernos sensibleros y caer en la solemnidad de unos deseos universales que, por diversos motivos, expresamos a veces con una ligereza tal, sin comprender ni compartir su significado, que ciertamente degeneran en frases hechas, vacías y sin el significado que etimológicamente le corresponden.
Esto es de aseveración multiplicada cuando el sentimiento de coincidencia religiosa algunos lo tenemos bastante arrinconado en algún cajón de la memoria.
Claro que todo esto no me impide, porque sí lo siento de verdad en el fondo, desearos a todos unas felices y entrañables fiestas, en lo que significan de reunión familiar, rodeados de esos que queráis, incluso amigos que pueden ser, a veces, sustitutos de familiares de sangre. En cualquier caso, con quien hayáis elegido.
También ya, de paso, expresaros mis mejores deseos para el próximo año, que nos premie ya, por fin, con la solución de esos pequeños "problemitas" que nos han ido acuciando a lo largo de este 2010...
Que todo sean parabienes.